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El perfecto ejemplo lo vemos del otro lado de la página, en la entrevista de Siglo XXI al diputado por la GANA Manuel Barquín, quien intentó (con poco éxito) disimular sus intereses de politiquero mentiroso, esconder sus nexos con el partido gobernante y todavía tiene el descaro de decir que puede llegar a Petén con toda tranquilidad y decirle a sus electores y a sus alcaldes: Misión cumplida. ¿Cuál misión? ¿La de apoyar un presupuesto flexible y sin todos los candados porque aparentemente la transparencia está sobrevalorada? Así lo evidencia en sus respuestas.
Luego avanzo una hoja más y la noticia es clara: habrá protestas el día de hoy, organizadas por la Unidad de Acción Sindical y Popular (UASP) para darle apoyo al discurso confrontativo de la mujer vampira, que necesita más y más financiamiento y que claro, somos nosotros quienes debemos proveerlo según la lógica que utilizan para convencernos de que si no lo hacemos, estamos actuando en contra del “bien” público (Nótese el uso de comillas).

No falta Joviel Acevedo que busca justificar el hecho de que paralizarán la ciudad y evitarán la libre circulación de muchos ciudadanos trabajadores y productivos con el argumento de que quieren exigir que se legisle a favor de las mayorías, como si eso fuera el remedio para evitar que sólo la clase política se beneficie. La solución es, en realidad, legislar pero no a beneficio de nadie, sino creando un sistema de pesos y contrapesos que evite que una persona o un grupo busque tener un privilegio o prebenda a costa del resto.
Pero claro, nuestro exuberante Ministro de Finanzas dice que Mifapro debería ser un tema superado. De nuevo, ¡vaya cinismo!
¿Cómo vamos a superar un tema como este y demás maquinaria del gobierno de la solidaridad para chuparnos nuestra sangre y el producto de nuestro trabajo productivo si se sigue utilizando precisamente como la excusa para expoliar nuestra propiedad? ¿Cómo superarlo si se utiliza como justificación para la errada forma de actuar de este gobierno para seguir endeudándonos a nosotros y a las futuras generaciones? ¿Cómo superar el hecho de que se confunden necesidades como la salud y la educación con derechos, si precisamente esa confusión es la que está provocando que muchos favorezcan un paquete impositivo que en apariencia será justo, pero que realmente es inútil y es perverso?
Es por eso que no podemos hablar de justicia fiscal, como lo hizo Álvaro Velásquez en su columna del día de hoy (SigloXXI.com no permite links), invocando la máxima de que la democracia económica es “todos ponen, todos ganan”, cuando eso involucra una serie de consecuencias destructivas tanto para el capital (sí, ese controvertido capital que suele satanizarse aunque sea la fuente del crecimiento económico de los países y que contribuye a elevar el bienestar de las personas), como para el código de ética que aceptamos, que nos obliga a ceder el fruto de nuestro esfuerzo a favor de los que no tienen más mérito que sus necesidades, cuando el derecho es nuestro.
Lo invito, querido lector, a hojear los diarios de hoy, porque usted podrá darse cuenta de la podredumbre que nos rodea.
Álvaro Colom, hablaba hace unos días con unos amigos, es en realidad sólo el olor fétido de un sistema que está podrido y que necesita ser reformado. ¿No es eso evidente?
Por lo pronto, les recomiendo el artículo de José Raúl González Merlo que Velásquez intentó refutar, para que lo lea de primera mano: "¿Quién paga los impuestos?".
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